14-09-2017 / 20:00 h EFE

La corrupción se contagia de municipio a municipio, pero las probabilidades de que la justicia acuse a un alcalde o un edil aumentan si antes han sido procesados homólogos suyos en los consistorios vecinos.

Esa es la tesis que defienden con datos empíricos y estadísticos tres profesores de Economía Aplicada de las Universidades de las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y Autónoma de Barcelona (UAB), en un artículo que publican en la revista Journal of Policy Modelling.

Los autores de este trabajo, Beatriz López Valcárcel, Juan Luis Jiménez y Jordi Perdiguero, han hecho un recuento de todos los casos de corrupción política con imputados que se produjeron en los 3.413 ayuntamientos españoles de más de mil habitantes entre 2000 y 2011.

El estudio analiza los más de 200 casos recopilados a partir de parámetros como la fecha en la que se cometieron los delitos, el municipio y el momento en que la justicia actuó, para responder a la pregunta de si la corrupción "se pega", con técnicas de análisis ya empleadas antes en otros campos para analizar, por ejemplo, si existe un contagio social de la obesidad, el tabaquismo o el crimen.

"¿Hay más probabilidad de que la persona un cargo político en mi municipio sea corrupto si el vecino político lo es?", se plantean.

Y su respuesta es afirmativa: sus datos dicen que, si en un municipio se ha producido un caso de corrupción política, las probabilidades de que también exista en el vecino suben un 3,1 %.

Eso sí, las probabilidades de que la justicia ponga en su punto de mira a un alcalde o a un edil por corrupción crecen el doble, un 6,7 %, si antes también ha sorprendido a los regidores del ayuntamiento vecino cometiendo ese tipo de delitos.

Los responsables de este trabajo sostienen que su primera conclusión "es alarmante", pero también defienden que la segunda infunde "esperanza en la lucha contra la corrupción municipal".

En un resumen complementario de su trabajo que publican en el blog nadaesgratis.es, estos tres profesores universitarios relacionan el problema de la corrupción municipal con el hecho de que la clase política "no se selecciona mediante un sistema meritocrático, al contrario que el acceso a la función pública".

Pero señalan como "más relevante" aún la constatación de que el votante no siempre castiga al alcalde corrupto, sino que a veces incluso "lo premia". "Solo aparece que tal castigo es menos laxo cuando los medios de comunicación asumen el papel difusor de tales noticias", como han probado estudios anteriores, añaden.

 
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