18-06-2017 / 10:30 h EFE

La muerte de cuatro alimoches tras chocar contra aerogeneradores registradas en las últimas semanas ha reiterado las alertas sobre la peligrosidad para la avifauna de los parques eólicos que se concentran en la costa española del Estrecho de Gibraltar.

Los grupos ecologistas Verdemar Ecologistas en Acción y Colectivo Cigüeña Negra han denunciado esta semana que entre estos cuatro alimoches muertos destacan la hembra y el pollo de la última pareja de esta especie protegida que nidificaba en la zona de Tarifa (Cádiz).

El alimoche es una de las cuatro especies de buitre que nidifica en España, junto al leonado, el negro y el quebrantahuesos, y está catalogada oficialmente como una especie en peligro de extinción.

La población de alimoche en Andalucía sufre un declive sostenido en las últimas décadas, pues la mitad de sus parejas reproductoras se han perdido desde el año 2000, hasta quedar reducidas a 23, según el último censo de la Junta de Andalucía cotejado por Efe.

Tanto el responsable del programa de aves necrófagas -que incluye al alimoche- de la Junta de Andalucía, Rafael Arenas, como el investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), José Antonio Donázar, han advertido en recientes estudios y en conferencias del declive de esta especie en la comunidad autónoma andaluza, agudizado por la elevada mortandad de ejemplares adultos.

La muerte no natural de alimoches adultos tiene un gran impacto poblacional dada la escasa productividad de esta especie, que sólo suele sacar adelante un pollo cada año, y tarda un lustro en alcanzar la madurez sexual.

La muerte por colisión con los cada vez más numerosos aerogeneradores que se concentran en la orilla española del Estrecho de Gibraltar se ha consolidado ya como la segunda causa de muerte no natural del alimoche en Andalucía y como su principal riesgo de extinción, junto al envenenamiento.

Verdemar y Cigüeña Negra han denunciado que la muerte de estos cuatro alimoches evidencia deficiencias de las declaraciones de impacto ambiental de los parques eólicos de Tarifa y han alertado de que son la punta del iceberg de las miles de aves que mueren cada año al chocar contra aerogeradores en El Estrecho, escenario de una de las mayores migraciones ornitológicas entre Europa y África.

También han criticado la ineficacia de las medidas correctoras y compensatorias de estos parques, como la vigilancia para frenar aerogeneradores cuando vuelan aves en su alrededor, y han dudado de la verosimilitud de las cifras de esta mortalidad que se facilitan.

A la concentración de parques eólicos en el Estrecho se une la repotenciación de antiguos aerogeneradores, de pequeña altura, sustituidos por loas más modernos, de mucha mayor envergadura.

"Lo más grave es que desde la Junta de Andalucía no se ha adoptado ninguna medida para evitar la enorme pérdida de biodiversidad que se está produciendo por causas eólicas, sobre todo en aves amenazadas o en peligro de extinción", han denunciado los colectivos conservacionistas.

También han censurado que la Junta siga autorizando nuevos parques eólicos y la repotenciación de antiguos aerogeneradores en Zonas de Especial Conservación para las Aves (ZEPAS) o en su cercanías, pese a la prohibición expresa de la legislación europea.

Igualmente, han cuestionado la validez de los estudios sobre minimización del impacto de los parques eólicos o la existencia de aerogeneradores "inteligentes", que evitarían la colisión de aves, trabajos financiados precisamente por empresas eléctricas y eólicas y a entidades acusadas de conflicto de intereses, como la Fundación Migres.

 
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