27-12-2014 / 12:20 h EFE

Miles de húngaros se han movilizado en las últimas semanas en las redes sociales contra el Gobierno del primer ministro conservador, Viktor Orbán, cuya valoración se ha desplomado tras lograr una amplia mayoría absoluta el pasado abril.

El carismático Orbán llegó al poder hace casi cinco años con la promesa de emprender una "revolución conservadora", y algunas de las leyes que ha aprobado han recibido críticas de la Unión Europea, Estados Unidos y las instituciones financieras internacionales.

A pesar de esas duras críticas, que subrayaban que algunas normas socavan la separación de poderes, y en última instancia, la democracia, la mayoría de los húngaros ha respaldado a Orbán en las urnas.

Pero, en las últimas semanas, el primer ministro ha tenido que retirar un proyecto para gravar el consumo de datos en Internet tras grandes protestas, y está inmerso en un cruce de reproches con Estados Unidos después de que Washington impusiera sanciones a varios funcionarios húngaros que considera corruptos.

Orbán, que siempre ha prometido tolerancia cero con la corrupción, ha hecho una defensa cerrada de los funcionarios señalados por EE.UU., lo que ha decepcionado a algunos votantes.

Todos estos factores han contribuido a que por primera vez en una encuesta -del Instituto Medián- el apoyo al partido conservador de Orbán, el Fidesz, se desplome 12 puntos, del 38 % de octubre al 26 % de noviembre.

En el mismo periodo, el apoyo personal a Orbán se redujo al 32 % desde el 48 %.

Los organizadores de las protestas contra Orbán -convocadas a través de las redes sociales y sin afiliación partidista- tienen ahora como objetivo despertar de la apatía política a la ciudadanía.

Uno de los convocantes de las protestas, Zsolt Várady, considera que la política "cínica" del primer ministro ha sido "el catalizador de estas manifestaciones", pero el problema de fondo hay que buscarlo en la transición a la democracia tras la caída de la dictadura comunista.

"La sociedad civil no participó en la transición política (de hace 25 años)", afirma.

Los líderes de este movimiento rechazan el apoyo de los partidos políticos y acentúan la necesidad de buscar el diálogo más allá de líneas partidistas e ideológicas, algo que, afirman, falta en la vida social y política del país.

Varios analistas locales consideran que estas multitudinarias manifestaciones y los movimientos organizados en la red social Facebook son un hito y auguran que si el Gobierno no las toma en serio tendrá grandes problemas en el futuro.

Además del varapalo de la encuesta del Instituto Medián, otra del portal informativo "hvg" destaca que el 68 % de la población considera que Hungría va por un camino equivocado, frente al 48 % que compartía esa opinión en octubre.

Por su parte Péter Krekó, director del laboratorio de ideas Political Capital, explicó a Efe que la caída de la popularidad del Fidesz y Orbán y el crecimiento en afluencia de las manifestaciones son factores que se han influenciado de forma mutua.

"La medidas menos populares iniciaron las manifestaciones, pero al mismo tiempo la magnitud de las protestas significó para muchos que algo anda mal", aclaró el analista.

Esa idea la comparte Gergely, un exvotante del Fidesz, que considera que las medidas de ese partido "han ido más allá de lo aceptable".

"Que no haya oposición no significa que puedan hacer lo que quieran", declaró a Efe este exvotante conservador, que alude con sus palabras a la débil y fragmentada oposición de izquierda.

Como Gergely, muchos de los que se muestran activos en los últimos meses contra el Gobierno son jóvenes de clase media de muy diferentes ideologías.

Lo que los une son varios temas concretos, como pasó con el impuesto al uso de internet o el claro rechazo a la denominada por el Gobierno como "apertura hacia el Este", que tiene por objetivo estrechar lazos con Rusia y China.

Orbán ha puesto como ejemplo en más de una ocasión a la Rusia de Vladimir Putin como modelo a seguir de "Estado liberal".

"Orbán ya no puede hacer cualquier cosa con los húngaros", tal como parecía hasta ahora, explica a Efe Gábor, un profesor de literatura que participó en varias de las manifestaciones de las últimas semanas con su hijo de nueve años.

Muchos de los manifestantes ven con recelo la cercanía de Orbán a Putin y, de hecho, uno de los emblemas recurrentes en las protestas es la bandera azul de la UE.

El próximo paso, tal como avanzó Várady, es formar una organización que pueda catalizar el descontento de los ciudadanos, que no encuentran en los partidos políticos actuales las respuestas que buscan.

 
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