09-11-2009 / 12:10 h EFE

En una entrevista concedida a Efe, Ancira, que habla con pasión de Tsvietáieva, cuenta que "en castellano se ha publicado, pero en cuentagotas, y la primera vez en México".

Esa pasión por la gran poeta rusa viene, confiesa de "la lectura de unas cartas entre Tsvietáieva y Boris Pasternak y Rilke, que se recogieron en "Cartas del verano de 1916" y cuando la traductora se instaló ya en España, de la mano de Anagrama publicó el libro de relatos "El diablo" y un libro de ensayos literarios, "El poeta y el tiempo".

A mediados de 2008, por iniciativa de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, tradujo "Confesiones, "un libro complicado, pues los archivos de Tsvietáieva permanecieron cerrados hasta el año 2000, y en ese volumen Tzvetan Todorov (investigador de su obra) conforma una autobiografía compuesta a título póstumo".

Pero, sin duda, las dos obras que han visto la luz en 2009 son "sus dos obras maestras", apunta Ancira, también traductora de Tolstoi.

"Viva voz de vida" (Editorial Minúscula) "era uno de los pocos libros de prosa que no me había atrevido a traducir, por no haber sido capaz hasta ahora de encontrar un título adecuado".

Es, añade, "su libro más luminoso, en el que habla de Crimea, del mar, de cómo conoció al poeta Maximilián Voloshin, de la colonia de artistas".

Según Ancira, "Viva voz de vida" permite junto con "Mi Puskin" (Acantilado) "conocer su prosa maravillosa, pero además conocer mejor la vida de Tsvietáieva, nacida en una familia de padre universitario y madre música, que marcha a Suiza poco después de morir su madre y que por su educación habla y escribe con soltura en alemán y francés".

Su obra, matiza la traductora, "no es una ficción en el sentido estricto, sino que toda tiene una fuerte dimensión autobiográfica".

Como rechazo al antisemitismo de su padre, Tsvietáieva se casó con un judío y cuando estalla la Revolución Rusa su marido se enrola en el Ejército Blanco, por lo que tiene que huir a Praga, adonde también irá su mujer, habiendo visto antes cómo moría de inanición una de sus dos hijas y nacía su primer hijo.

Tras una estancia en París, donde la crítica condena su poesía al ostracismo, su marido se convierte en 'rojo' y pasa a ser espía del KGB, pero poco después cae en desgracia y es arrestado, mientras que su hija Alia es enviada a los campos.

En 1941, Tsvietáieva y su hijo son evacuados junto con un grupo de escritores a un remoto pueblo tártaro, Elábuga, donde, presa de la desesperación y la tristeza, se suicidó poco después.

Allí deja, revela Ancira, "una carta terrible al hijo en la que dice: Esta ya no soy yo y en adelante iba a ser peor".

La singularidad de Tsvietáieva radica, en opinión de su traductora al castellano, en que "se educa en el Romanticismo alemán, adora a Goethe; bebe mucho de la literatura de la Grecia clásica y del folclore ruso, y a partir de ahí crea su propia corriente".

Después del olvido al que fue sometida por el régimen comunista durante décadas, en la actualidad "Rusia la ha recuperado -asegura su traductora-, la venera y es una figura muy querida, hasta el punto de que la poeta tiene ocho museos".

Ancira continúa trabajando sobre Tsvietáieva: la correspondencia con Anna Teskova, que fuera directora de la Unión checorrusa, así como un poemario bilingüe ruso-castellano que Acantilado publicará próximamente y que está traduciendo en colaboración con el poeta mexicano Francisco Segovia.

 
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