18-09-2012 / 9:00: h EFE

El caso de Rimsha, la niña discapacitada acusada de blasfemia, ha vuelto a mostrar la vulnerabilidad de las minorías religiosas en Pakistán, en especial la de los cristianos, que viven entre la discriminación y el miedo.

No hay datos precisos sobre los números de las minorías religiosas -Pakistán no tiene un censo desde 1998-, pero se calcula que un tres o cuatro por ciento de los 180 millones de paquistaníes no son musulmanes, y la mayoría de ellos son cristianos.

La comunidad cristiana suele sufrir una doble discriminación por su condición religiosa y por su pobreza, ya que la mayoría de los cristianos pertenecen a las clases más bajas y suelen habitar en los suburbios más depauperados de las ciudades paquistaníes.

El caso de la acusación y el ingreso en prisión de Rimsha Masih, una niña cristiana de unos 12 años y con una edad mental de 7, ha arrojado, no obstante, alguna esperanza de que al menos se ponga coto a una legislación que ahonda en la exclusión.

"Este caso tiene que llevar a un debate sobre el respeto a la razón, al civismo y a los principios humanitarios en lo relativo a las leyes y su aplicación", escribió en el diario The News un reputado activista de derechos humanos, I.A. Rehman.

"Es la primera vez que se une gente de todos los rincones del país. Las minorías hemos notado que no están solas y que tenemos el apoyo de los musulmanes", dijo por su parte a Efe el responsable de la Liga Interconfesional de Pakistán, el cristiano Sayid Ishaq.

A diferencia de casos anteriores, el caso de esta niña de un suburbio de Islamabad, acusada a mediados de agosto de quemar textos coránicos, ha movilizado a un importante grupo de ulemas (expertos religiosos musulmanes) y de la sociedad civil paquistaní.

El jefe del Consejo de Ulemas de Pakistán, Tahir Ashrafí, se ha significado en la defensa de Rimsha, en parte motivado, como él mismo reconoció la semana pasada, por el hecho de que uno de sus hijos también tiene una discapacidad mental.

"Hemos decidido hacer de este un caso importante, no vamos a dejar que se olvide", dijo Ashrafí el pasado martes durante una conferencia en Islamabad.

"No os vayáis de Pakistán, es vuestra casa", añadió el ulema ante una audiencia con miembros de diversas minorías religiosas, entre ellos hindúes, una comunidad que aunque pequeña (unas 100.000 personas) también ha sufrido los duros embates del radicalismo.

Las leyes antiblasfemia de Pakistán, a pesar del relativamente escaso número de denuncias anuales (apenas unas decenas), es un símbolo del terror que han impuesto en Pakistán los radicales integristas contra cualquiera que ose desafiar su visión del islam.

Hace dos años estalló el caso de Asia Bibi que, como el de Rimsha, atrajo atención de la comunidad internacional y puso en el centro del debate las leyes antiblasfemia y la situación de las minorías en el país surasiático.

A finales de 2010 la cristiana Asia Bibi fue condenada a muerte por blasfemia por haber ofendido presuntamente a Mahoma durante una discusión con mujeres musulmanas que habían rechazado beber de la misma agua que ella por considerarla "impura".

"Lo que pasó tras el caso de Asia Bibi no permite ser muy optimista ahora", afirmó Peter Jakob, responsable de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, un organismo auspiciado por el arzobispado de Lahore.

Dos de las voces más activas en favor de Asia y en contra de la discriminación fueron el gobernador del Punyab Salman Tasir y el ministro de minorías Shabhaz Bhatti, quienes fueron ambos asesinados a principios de 2011.

Una tercera voz discordante, la diputada del gubernamental Partido Popular Sherry Rehman, tuvo que esconderse durante meses y finalmente el Gobierno la nombró embajadora en Washington (puesto que aún ocupa) para evitar que acabara como Tasir y Bhatti.

A pesar de los precedentes poco halagüeños, quizás el caso de Rimsha aún pueda cambiar en algo la situación.

Pocos días después del arresto de la niña, en agosto, Sayid Ishaq confesó a Efe que Rimsha nunca iba a poder vivir en Pakistán, pero la semana pasada, expresó que "Pakistán debe conseguir que esta niña se quede y pueda vivir segura en el país. Es su responsabilidad".

 
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