12-06-2012 / 17:21 h EFE

El director técnico del Laboratorio de Edificación de la Universidad de Navarra, Antonio Aretxabala, ha asegurado que Pamplona, al contrario de lo que ocurrió en 1903, no saldría "airosa" de un terremoto superior al grado 5 en la escala de Richter, ya que no se ha urbanizado con criterios sísmicos.

Aretxabala, quien pronuncia hoy en Civican la conferencia titulada "España: un país sísmico", ha señalado a Efe que "en Navarra somos pioneros en muchas cosas, pero no precisamente en la distribución del territorio con criterios sísmicos".

Navarra, ha explicado, en el conjunto de España tiene la "medalla de bronce", al ser la tercera zona sísmica de la península, sólo por detrás de Granada y Murcia, lo que supone que, según los estudios existentes, en la Comunidad Foral puedan darse terremotos por encima de 5 o incluso de 6 cada cien o doscientos años.

En el área pirenaica, ha indicado Aretxebala, hay antecedentes de terremotos que han dado "algún disgusto", sobre todo en la zona francesa. El terremoto que más se ha sentido en Pamplona fue el de Arette (1967), de 5,7 en la escala de Richter.

Anteriormente, en 1903, se produjo un terremoto de grado 5 con epicentro en Pamplona, y desde entonces se han contabilizado tres o cuatro en Navarra de esa intensidad.

Aretxabala ha comentado que, a principios de siglo XX, Pamplona era una ciudad muy pequeña, pero "desde entonces hemos crecido mucho, y sin criterios urbanísticos sismológicos", con lo cual "yo soy muy pesimista en el sentido de que, si vuelve a haber un terremoto de más de 5 cerca de la ciudad, no vamos a salir tan airosos como en 1903".

En general, no se han realizado muchos estudios sobre esta cuestión, salvo los hechos por los geólogos por su cuenta y con recursos limitados, ha asegurado Aretxabala, quien ha considerado que, entre los agentes implicados, el sector de la construcción ha sido "especialmente egoísta", porque "ha ganado 'camiones' de dinero pero no ha invertido nada en saber cómo es el medio en el que desarrolla su actividad, y eso es muy triste".

De esta forma, ha aseverado, luego llegan las "sorpresas" como las de L'Aquila (Italia) o Lorca (España), que conmocionan especialmente a la población porque se había caído en una "amnesia sísmica tremenda" después de un largo periodo sin terremotos importantes en Europa.

En España, esta "amnesia sísmica" ha durado casi 130 años, desde 1884, cuando el llamado "terremoto de Andalucía" provocó 1.200 muertos.

Fue un suceso que causó una gran conmoción, pero que con el tiempo va cayendo en el olvido y esa "amnesia" hace que, con las nuevas normativas, "ya ni te consideran zona sísmica y de repente un día llega la sorpresa", ha dicho el geólogo.

Especialistas y ciudadanos en general, ha añadido, están ahora "muy sorprendidos" por terremotos recientes, pero "simplemente se trata de que la naturaleza nos coloca en nuestro sitio, nos dice que tiene unos ritmos que son los que son y que tenemos que tratar de entender".

En ese sentido, ha manifestado que en España "tenemos las peores ciudades desde el punto de vista sísmico", porque los planes urbanísticos que se han elaborado durante el siglo XX "se han hecho sobre plano; no han considerado nunca las tres dimensiones".

"Ha habido muchas ciudades que han crecido muy rápido, muy a lo bestia y muy mal, sobre todo en Andalucía y el Levante, que son zonas bastante vulnerables y donde no se ha considerado nunca la cercanía a fallas", ha destacado.

Hacer urbanismo con criterios sísmicos, ha puntualizado, es no situar hospitales, colegios o viviendas en las áreas donde se sabe que el subsuelo "es de un tipo que va a amplificar las ondas de un terremoto" y ubicar por ejemplo una zona verde en ese terreno.

La "zonificación" sísmica y la distribución del territorio "han seguido en casi toda Europa caminos opuestos, pero sobre todo en España", ha afirmado Aretxabala, quien ha apuntado que la Ley del Suelo de 2008 "está metida en los cajones de los ayuntamientos y de las autonomías y sólo se puesto a funcionar un poquito en Aragón" después de la tragedia de Biescas de 1996.

"Lo triste es que España es un país que sólo aprende de las desgracias, en vez de prevenir. Luego, cuando pasan cosas como lo de Lorca o lo de Italia, el país entero se llena de especialistas y después caemos otra vez en la amnesia", ha concluido el especialista de la Universidad de Navarra.

 
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