18-04-2012 / 17:50 h EFE

Carmen Jiménez García, una de los miles de damnificados por los terremotos de Lorca, ha pasado cinco meses viviendo en un coche después de que su edificio -en el barrio de San Fernando- quedara gravemente afectado por los seísmos de 2011 y fuera precintado.

Ahora, casi un año después de la tragedia, acaba de regresar a su piso bajo su responsabilidad y contra el criterio de los policías, que en los primeros meses le impidieron de forma reiterada el acceso a su casa alegando problemas de seguridad en el edificio, sustentado por decenas de puntales.

Casi la mitad de los bloques de este barrio fueron demolidos en agosto y ahora solo hay 19 personas repartidas por los ocho edificios que siguen en pie, en los que no hay ni luz ni agua corriente.

"Me apaño con cubos y voy a ducharme a una gasolinera que hay cerca donde me cobran dos euros por el agua caliente", ha dicho Carmen Jiménez a Efe, que tras los terremotos pasó varios días en una tienda de campaña en la calle junto a su edificio y después varios meses en el campamento de refugiados que se instaló en La Torrecilla.

Durante el invierno "mi coche ha sido mi casa", ha relatado, "ahí he vivido con toda mi ropa y mis cosas dentro" en el vehículo que ha sido su "salvación" y que ha tenido estacionado todo el tiempo junto a su edificio.

El calvario que para ella se inició el 11 de mayo de 2011 tuvo un pequeño paréntesis en el que pudo ser realojada durante cuatro meses en una vivienda de alquiler gracias a un anticipo procedente de los fondos de la Mesa Solidaria.

"Tuve que irme hace dos semanas porque yo puedo seguir esperando la ayuda (pública), pero el arrendatario del piso no podía estar a expensas de que a mí me pagaran para que yo pudiera pagarle a él", ha contado esta vecina.

Ha solicitado tres tipos de ayuda y "me han pedido mil papeles, para luego nada", se lamenta Carmen Jiménez, que tiene una hija de 18 años y uno de diez que viven en otras casas con familiares.

Desde hace 15 días vive de nuevo en la que ha sido su casa durante 16 años "que por dentro no está muy rota" en comparación con otras del barrio mucho más afectada por los terremotos, aunque todavía no sabe "si van a derribar el edificio o no".

"Si lo tiran no tengo a donde ir, que me pongan una casa aunque sea de lata", se ha lamentado hoy, recordando también que todavía sigue "pagando la hipoteca" que pesa sobre la casa que habita en un edificio fantasma.

 
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