17-12-2011 / 11:00 h EFE

Cientos de turistas, sobre todo franceses, y los más golosos de Ávila, Salamanca, Cáceres o Portugal, se decantan en Navidad por el tradicional turrón de La Alberca, de origen mozárabe y cuyo secreto encierra la almendra de Las Arribes del Duero y la miel de flor de encina.

El turrón de La Alberca "sabe a historia, aunque se ha ido modernizando, para adaptarlo a los tiempos de ahora", asegura a EFE una de las dos turroneras que aún quedan en La Alberca, María Luz Lorenzo Marcos.

Los árabes fueron los primeros en fabricar el típico turrón albercano, dada la gran cantidad de miel que existe en esta zona de La Sierra de Francia salmantina, donde, en la actualidad, decenas de apicultores extraen de sus colmenas miel de encina durante todo el año.

Antaño, en cada casa de La Alberca siempre había una mujer que se encargaba de elaborar el turrón para Navidad, con la ayuda de un cuenco de cobre y la pasta casera a base de miel, clara y almendras o nueces, que se movían lentamente durante cinco horas hasta obtener la masa deseada.

Este saber popular se convirtió a mediados del siglo XX en un gran potencial económico para los vecinos de la villa, donde convivían 25 turroneras, cuyos maridos se encargaban de la venta ambulante por los pueblos de Salamanca, del Norte de Cáceres, de la Sierra de Gredos o, incluso, por los concejos portugueses de la región de Guarda.

Según María Luz Lorenzo, el turrón que fabrica todas las semanas "se vende exclusivamente en La Alberca, no mandamos a nadie, y el que lo quiera lo tiene que comprar aquí".

Reconoce que los turistas que más aprecian este dulce son los franceses, ya que "muchos de ellos vienen con la intención de llevarse bastante turrón".

A diferencia del clásico turrón comercial, el turrón de La Alberca se vende todo el año en los diferentes puestos que salen a la calle y que sirven de reclamo entre los turistas que acuden a diario a este municipio, uno de los de mayor actividad turística de Salamanca.

Turrón tradicional de almendra, turrón negro de nueces, de trufa negra o guirlache de piñones y miel de encina son algunos de las recetas exclusivas de las turroneras de este pueblo.

Sus gentes recuerdan afamadas turroneras como "La Rincona" (Teresa Hernández) o La Tía Consolación, de quien aprendió el oficio María Luz Lorenzo, en épocas donde "había una actividad mayor".

Para las turroneras del pueblo, entre las que también se encuentra en activo Juana Mancebo, el éxito de este turrón radica en que sólo se fabrican con miel y se eliminan otras glucosas que abaratarían el producto.

Mientras tanto, María Luz Marcos recuerda que no hace mucho tiempo estuvieron en su obrador cocineros de la talla de Juan Mari Arzak o Ferrán Adriá, que pudieron degustar el sabor de un turrón que supone la pervivencia de una tradición de hace cinco siglos, iniciada por los mozárabes que se refugiaron en La Sierra de Francia.

 
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