24-11-2011 / 14:11 h EFE

Navarra es una de las comunidades que registra mayor número de suicidios entre los jóvenes, sólo por detrás de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, según se ha puesto de manifiesto en una jornada sobre el suicidio en la adolescencia.

En España, el suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 24 años (179 fallecimientos en 2009), y ya representan un 5 por ciento del total de fallecimientos por esta causa, un 4 por ciento más que el año anterior.

Así lo ha indicado hoy en la jornada de reflexión "El suicidio en la adolescencia", que continuará hasta mañana, el presidente del Colegio Oficial de Psicólogos de Navarra, José Ramón Loitegui, quien ha apuntado que el número total de suicidios en la Comunidad Foral ha aumentado un 13,46 %, con 9,53 por 100.000 habitantes.

Estos datos convierten a Navarra en la quinta comunidad con más suicidios de España, país en el que, en 2009, se suicidaron 3.650 personas (un 0,81 por ciento menos que el año anterior), un número sólo superado en Europa occidental por Finlandia y Bélgica.

"Se producen más muertes por suicidios que por actos delictivos, como asesinatos, que por terrorismo, o que por accidentes de tráfico, en los que, además, en el caso de los jóvenes, el propio accidente encubre a veces un suicidio, en el que el coche se convierte en el arma para quitarse la vida", ha sostenido Loitegui.

El psicólogo ha atribuido esta tendencia a causas sociales, ya que "no tiene mucho sentido pensar que, de forma tan súbita, haya aumentado en nuestro país la enfermedad mental que de alguna forma siempre acompaña a la depresión suicida".

Loitegui ha apuntado como causas principales "la drástica desvalorización de los principios éticos, que antes orientaban nuestra vida social y personal, y el peculiar aislamiento al que conduce el nuevo estilo de comunicación personal", aunque el motivo fundamental siguen siendo "las decepciones amorosas".

"Los jóvenes están muy solos, aislados en su habitación, relacionándose con otros jóvenes de forma virtual, comunicándose desde una nube a miles de kilómetros de distancia, con amigos con los que no pueden llorar, quedar. Las redes sociales están produciendo estrés y aislamiento", ha descrito Loitegui.

El psiquiatra de la fundación Argibide Ignacio Mata, participante también en la jornada, ha declarado a Efe que la sociedad actual es más individualista y que tolera peor el fracaso y las frustraciones, lo que hace sentirse más solo a quien tiene dificultades.

"Las principales causas son el miedo a un abandono real o imaginario y la conflictividad familiar, que no tiene por qué ser objetiva, sino que basta con que el adolescente lo perciba así. No hay que echar la culpa a los familiares", ha recalcado.

Por ello, Loitegui ha destacado la necesidad de aprender a refugiarse en uno mismo y mantener relaciones intensas con amigos de carne y hueso, y ha denunciado que las administraciones sanitarias no deben este minimizar este problema, ni maquillar su existencia mediante la ocultación de las cifras reales de muertes.

"Ya ha pasado la época en que era preciso silenciar la muerte por suicidio para poder enterrar al fallecido en el cementerio cristiano", ha recordado.

Asimismo, ha incidido en la importancia de detectar las señales que presentan los jóvenes que están pensando en el suicidio, y que ha cifrado en cambios injustificados de hábitos de sueño y alimentarios, retraimiento, actuaciones violentas y rebeldes, abuso de alcohol y drogas, abandono de la higiene personal, aburrimiento persistente, deterioro del rendimiento escolar o molestias físicas.

"También presentan poca tolerancia a los elogios y se quejan de ser una persona mala, que no da la talla, o lanzan indirectas como que dejarán de ser un problema o de molestar", ha enumerado Loitegui, quien ha añadido que hay factores de riesgo culturales, del entorno familiar y psicopatológicos.

Mata ha señalado que uno de los principales agravantes del riesgo es el consumo de tóxicos, bien porque hagan al adolescente perder el contacto con la realidad y suicidarse aunque no tuviera intención de hacerlo, o bien por empeorar los trastornos psiquiátricos asociados al suicidio como la depresión o el trastorno psicótico o de personalidad.

"El consumo de tóxicos es una forma de automedicación con la que la persona que se siente mal consigo misma intenta aliviar el sufrimiento, pero lo que hace es agravarlo", ha asegurado Mata.

El psiquiatra ha reconocido que en el suicidio hay un componente genético, y que los estados depresivos o los cuadros psicóticos son factores predisponentes al suicidio, aunque suelen darse factores precipitantes, que hacen a la persona pasar a la acción, algo en lo los adolescentes no suelen tardar más de unos meses.

"En la adolescencia, se es más inestable emocionalmente y más impulsivo, por eso pasan al acto de forma más rápida, y no hay que tomarse las amenazas a la ligera, ni pensar que lo hacen por manipular", ha advertido Mata.

Para ayudar al adolescente en esta situación, Mata ha indicado que hay que acudir a una terapia psicológica, sin olvidar el apoyo de la familia, que ha de ser "empático, situándose en sus sentimientos, sin minimizarlos, ya que no es lo que la persona necesita, sino saber que estás a su lado incondicionalmente y que puedes entender sus motivaciones para tener esa idea".

Por su parte, Loitegui ha recomendado que hay que "dejar hablar, aceptar las razones, creer sin juzgar y hacer ver que el suicidio es una solución definitiva y sin retorno para un problema que es temporal".

 
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